Cuarto de máquinas, yup! La solución.

Hoy decido compartir un rincón de mi día a día como “i-dad” o para aquellos que quieren traducirlo al castellano e interpretarlo con un toque jocoso y caribeño entonces sería: “i-Papa”, pero la “i” me la dejan en inglés, ¿OK?. No puedo seguir resistiéndome a hacer públicas mis andanzas, le tengo más miedo a mi mujer repitiendo lo mismo mil veces que a la muerte. Así que a partir de hoy seré una libreta abierta.

Cada vez que reflexiono sobre cómo fue mi día antes de dormir, termino riendo en silencio al recordar los malabarismos y situaciones peculiares que atravieso durante horas en mi rol de i-papa. Como dicen, hay que estar presente para verlo y creerlo, por lo que en futuras entregas trataré de darle vida a las palabras en este blog.

Hoy Carolina tuvo cita en el dentista, una de tantas citas que tiene en su pausa de maternidad antes de regresar al trabajo, yo con mucho gusto la llevé a su limpieza y pulitura de teclas. El “¡Sí mi amor, yo te llevo!” lo tengo impregnado en el paladar, es más poderoso que yo, es casi inexplicable cómo fluye en mi una frase que aún no recuerdo dónde la aprendí o a quién se la escuché. El tema es que pude haberme quedado trabajando en mis proyectos a sabiendas de que mi suegra y cuñada invadieron mi casa disque para ayudarnos con el nacimiento de nuestra segunda hija, pero insisto que no pude negarme a la solicitud expresa de la dueña de la quincena pues con una bebé de un mes de nacida está difícil la logística…. Además está complicado dejarla en otras manos, y a mi nada más me bastó ver a la suegrita y dulcinea pero intensa hermana quemando calorías en medio de nuestra sala para que se me quitaran las ganas de pedirles un favor. Las pobres juraban que con una clase de “insanity” bajarían los kilos que se han metido en el Imperio, estaban demasiado metidas en su actividad  y para colmo me topé con la mirada de Carolina, esa mirada de planificación estratégica inquisidora arrojándome con su pensamiento detrás del volante del auto sin poder ni rechistar.

 

Ustedes se preguntarán qué tiene de complicado acompañar a tu esposa al dentista…la verdad, nada….. a menos de que la niña haya caído en profundo sueño y no se haya levantado para comer su respectivo menú lácteo antes de que la madre entrara al consultorio. Ahora imagínense lo peor, vivir en un pueblo como el mío en Connecticut donde el promedio de habitantes es en su mayoría anglosajona y en sus setenta años de edad, un dato alarmante si se trata de la supervivencia de un padre abandonado en una sala de espera con su bebé hambrienta, a la cual Carolina me pasó como si yo recibiera el ovoide en una final de rugby de los All Blacks vs. Sudáfrica, empatados y faltando tan sólo 10 minutos en el reloj. Pensar que de una forma muy sutil y cariñosa, me dijo que ya venía, que la cuidara, pero su lenguaje corporal me transmitió un mensaje más contundente de arréglatelas y no me vengas a molestar durante la cita…  fue allí cuando recordé una metáfora que cuenta lo siguiente: “Mientras más sudas en paz, menos sangras en la guerra”. Por eso hay que estar siempre listo para librar las batallas y yo tengo muchos años de experiencia y preparación en estos campos.

Para aquellos que hacemos un poco de ejercicio o practicamos algún deporte en particular, sabemos que entrar en ritmo y calentar motores demora por lo menos entre 10 a 15 minutos y es allí cuando la transpiración dice presente. Fue el tiempo justo que mi hija tardó en despertar y hacerse sentir como fiesta de monos con tequila y dejando a nuestro difunto y querido Lucciano Pavarotti como bebé de pecho. Durante los próximos 45 minutos me sentí como en una jaula llena de avestruces, con hostiles pacientes mirando con ojos hinchados y mentón de burro en orilla de barranco para ver cómo yo resolvía el tema del llanto de la criatura.

Gracias al Garmin 920xt pude registrar los 883 pasos recorridos en cada rincón del consultorio con el berrinche a todo dar, hasta que encontré mi salvación, y tomen dato porque también puede ser tu solución. Como hallar un baño limpio y papel higiénico en un estadio de béisbol en Venezuela, así de gráfico quiero ser para explicarles lo que sentí cuando me postré a la puerta del cuarto de máquinas de servicio del edificio. El encuentro fue celestial. Gracias Dios por esos ruidos que generan las bombas, el compresor de los aires y todo el aparato generador en su conjunto… fue el mejor antídoto, la melodía perfecta para que mi pequeña alarma ambulante se calmara pelando los ojos tratando de entender esa sinfonía y posteriormente cayera en un profundo sueño en tiempo record. Olvídense de las aplicaciones de los teléfonos tratando de imitar sonidos o de andar llevando un secador de pelo en la pañalera, nada de eso, cualquier rincón con máquinas funcionando servirán de alivio instantaneo. Anótenlo y verán cómo ustedes mismos se cuelgan su propia medalla.

Para mi hoy fue una victoria y unas cuantas matri-millas ganadas, gracias a los fabricantes de A/C!